Por más que el bueno de Mitnick insista, la ingenuidad de los usuarios continúa siendo el mayor enemigo de la seguridad.

Por ejemplo. Un empleado se encuentra un pincho USB abandonado junto a su ordenador de trabajo. ¿Qué porcentaje de empleados creéis que enchufaría de inmediato el pincho para ver qué tiene dentro? ¿Y si el pincho no es lo que parece?

Al menos desde que Teensy anda por el mundo, cualquier atacante puede programar este interesante dispositivo mediante un sencillo lenguaje de script (o bien utilizar un payload prêt-a-porter) para que, una vez conectado al ordenador objetivo, ejecute cualquier combinación de teclas con el fin de correr cualquier comando en el ordenador de la víctima, ya utilice éste Windows, Linux o MacOS...

El camuflaje del dispositivo puede ser de lo más variopinto: desde algo clásico a un "inocente" patito.