Lejos de ser un derecho, la privacidad se ha convertido en un lujo. Un lujo -como todos ellos- al alcance sólo de los poderosos.

Los ciudadanos corrientes están obligados a ser transparentes. En sus ganancias, en sus ahorros, en sus comunicaciones. Los poderosos, por el contrario, exigen rápidamente privacidad absoluta para todo lo que hacen y dicen.

Pues bien; hay una casta especial de poderosos para los que resulta cada día más indispensable que los ciudadanos exijamos una "Claúsula Especial de Privacidad Cero". Me refiero a los poderosos que viven -total o parcialmente- de nuestros impuestos y/o se benefician de contactos privilegiados en aras de sus relaciones con personas de especial relevancia pública.

Noticias recientes convierten esta necesidad en acuciante.