Es nada menos que Andrew S. Tanenbaum quien se hace esta pregunta en un artículo que publica este mes la revista Computer del IEEE.

En este trabajo Tanenbaum parece apostar por la resurrección de los microkernels, abandonados tiempo atrás por su bajo desempeño frente a los kernels monolíticos, reabriendo así un debate que alcanzó su punto álgido en 1992.

Coincide el artículo en el tiempo con las preocupantes declaraciones de Andrew Morton, responsable de las versiones de producción del kernel de Linux, que asegura que los bugs en la versión 2.6 aparecen mucho más rápido que sus soluciones.