| Kriptópolis alojado en |
| Zilos-Veloxia Network |
| Tu mejor defensa: |
| Bufet Almeida |
Papanatismo patrio
"Como han tenido ocasión de comprobar los amigos que me visitan, la hospitalidad de mi casa no se limita a una copa de brandy. Si tengo conexión permanente a Internet, es un desperdicio no usarla. Si me sobra ancho de banda, que lo disfrute el amigo, o el vecino. Dejar la conexión wi-fi abierta es todo un detalle de urbanidad, que además cumple una función revolucionaria..."
Corría el 2004 cuando Carlos Sánchez Almeida firmaba esas líneas en Kriptópolis, proponiendo así la denominada Insurrección Wireless.
Carlos es oriundo de Badajoz, un "defecto" imperdonable que probablemente anula casi todas sus opciones para ser considerado "profeta" en este país de pandereta, que se caracteriza por admirar embobado todo lo que le llega de fuera mientras desprecia con sonrisa irónica lo innovador que brota dentro de sus propias fronteras...
Y ya puestos, el mismísimo Bruce Schneier, ahora santo patrón de los adoradores de ídolos, se manifestaba sorprendido y agradecido, allá por el siglo pasado, de la excepcional audiencia que Kriptópolis proporcionaba, a través de su fenecido boletín de correo, a sus siempre interesantes Crypto-GRAM, que un generoso equipo de kriptopoleros por aquel entonces traducía y -sí, por qué no decirlo- ayudaba a hacer llegar a más buzones que el propio original.
Schneier es sin duda una figura admirable (entre otras cosas por ser capaz de darse cuenta -a tiempo, aunque más tarde que muchos- de que las personas son más importantes que los bytes, por muy cifrados que estén), pero si hubiera nacido en Badajoz sus escritos pasarían desapercibidos, tal vez no en el mundo, pero seguro que sí -y eso es lo más triste- en España.
A estas alturas Carlos no necesita ningún reconocimiento, pero tanto él como este sitio verían con agrado que, al menos de vez en cuando, se reconociera que no necesitamos que venga ningún Míster Marshall a mostrarnos el camino en casi nada, y mucho menos sentir la tentación de postrarnos ante sus palabras con reverencia, porque lo que un santón yanqui escribe hoy, seguro que algún vecino pacense ya lo dijo más de tres años antes, sin que ningún ciudadano de Massachussets se sintiera por ello obligado a hacer ninguna genuflexión.
Y a las mismísimas pruebas me remito.




Opinar