Han pasado más de dos meses desde que la tierra tembló bajo el Japón y se destaparon los horrores. En la prensa cuesta encontrar alguna noticia sobre el desastre y evolución, dando la falsa impresión de que se ha atenuado el problema, de que las cosas van mejor. De vez en cuando, sin embargo, no tienen más remedio que publicar algo, hechos puntuales que por su gravedad no pueden ser ocultados, y porque los periodistas tienen que vivir. Sabemos, por ejemplo, que sigue sin poderse controlar el calentamiento del núcleo del reactor, y que la radiación sale a la atmósfera y al mar. Se ha comentado que la magnitud del accidente ya ha superado a la de Chernobyl, a pesar de que éste sigue en la competición, pues el sarcófago que con tan alto costo de vidas se construyó, empieza a resquebrajarse, y la emisión a la atmósfera prosigue, si es que en algún momento se detuvo. Ocurre, que la radiación es muy corrosiva porque no se limita a la erosión y oxidación de la corrosión convencional, sino que es más radical. Por poner un ejemplo, los silicatos que contiene el cemento, dejan de serlo en cuanto los átomos de silicio se convierten en azufre por una reacción nuclear como:
Si(28) + He(4)(radiación alfa) → S(32)
El azufre ya no puede mantener los cuatro enlaces del silicio, y el cemento se desmenuza.
Curiosamente, los países llamados “donantes” no parecen ponerse de acuerdo para seguir donando lo suficiente como para construir un nuevo tapón. Son tiempos de crisis y, por lo visto, hay cosas más importantes que hacer (?).
A todo esto, nadie ha querido saber los que está ocurriendo “por debajo”, en la tierra que soporta el núcleo del reactor fundido. Pobre capa freática...