Estaba con el titánico esfuerzo de no cerrar los párpados por hoy y dejarme abandonar en brazos de Morfeo cuando me he encontrado con el siguiente artículo:
En él su autor, Fernando M. Badás, quiere tranquilizar las aguas y los nervios de más de uno con curiosos datos del poder milagroso del fútbol en nuestra maltrecha economía...
Pues nada, Fernando, esperaremos cerveza en mano (si es que nos lo podemos permitir llegada la fecha).
Gracias por el enlace, Lusitano.
Pedro Fdez.12 Abril 2012 - 7:17pm
Gracias por el enlace, Lusitano. Yo mismo exponía hace apenas tres días, en un comenario anterior, lo siguiente:
Así que, desde este punto de vista, la frase de tu entrada que dice:
me resulta un tanto chocante porque, como dije, intuyo que sí existe una interrelación explicable entre ambos conceptos. La parte 'milagrosa' del asunto también tendrá su importancia, no lo sé, pero agradezco al autor del artículo enlazado sus apreciaciones porque correlaciona con datos reales lo que para mí era mera especulación.
Entonces, la pregunta sería: ¿Existe correlación apreciable por la ciudadanía entre mercado financiero y deporte? Parece que sí la hay... ahora bien, para explicar mí punto de vista, necesitaría poner en orden todos los indicios que pueda ir recogiendo, contrastarlos y exponerlos claramente para ver que opináis los demás. Puede que algún día nos apetezca, en éste u otros foros, aplicarnos a la tarea y por eso me he decidido a enviar el presente comentario, aunque mis prioridades son muy otras (valga tu avatar como semblanza).
Por otra parte, también me ha parecido interesante la correlación que parece existir entre la llamada -en términos meramente especulativos- prima del riesgo teórico asumido por el inversor cuando compra deuda pública de un país soberano, el déficit público de ese país y su posible repercusión en la capacidad de financiarse que tienen las empresas privadas en dicho ámbito territorial. ¡Todo un mundo!
Y por último, quería decirte que también comprendo la desagradable ironía que supone para el común de los mortales tener que sufrir, sí o sí, los desatinos de quienes a ello se dedican guardándose para sí los atinos o -dicho de otra forma- socializando, arteramente, las pérdidas aunque privatizando, sibilinamente, las ganancias.
Me reservo, no obstante, mis apreciaciones sobre el futuro vaticinado en el artículo porque, si acierto y cojo soltura, igual me acabo dedicando a esa ciencia tan noble que es la economía.
Saludos cordiales,
Pedro Fernández
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