La crudeza de las imágenes habla por sí sola, así que sólo me gustaría añadir un par de cosas.

En primer lugar, me gustaría pensar que entre esos energúmenos con uniforme haya alguno que, aún obedeciendo las órdenes, haya sentido algo de vergüenza. De hecho estoy seguro de ello, pues hasta entre los nazis que custodiaban los campos de exterminio había alguno que exhibía alguna chispa de humanidad.

Por último, una interpetación en positivo: hacen falta muchas más gónadas para resistir pacíficamente esos golpes tan injustos que para propinarlos.

Más que nunca, todo mi apoyo por esta gente. Sus moratones (y sus roturas de bazo) son también moralmente nuestros. Su indignación, hoy mucho más grande, también...