Todavía recuerdo como si fuera ayer la cantidad de insultos, descalificaciones, calumnias e improperios que tuvimos que soportar en 2001 y siguientes quienes advertíamos en el anteproyecto de LSSI el más rancio sabor de la oprobiosa.

Sin embargo, cada año que pasa, aquellos "boceras" indocumentados, que no sucumbimos al discreto encanto de ministeriales pasillos, hemos visto demostrada con mayor fuerza la solidez de nuestro razonamiento y lo fundada que era nuestra desconfianza.

Hoy, por fin, asistimos atónitos al final de la mascarada.