La publicación del primer parche crítico para Windows Vista -aún en fase beta- debería sin duda hacernos reflexionar, mucho más que las grandilocuentes presunciones marquetineras sobre el llamado a ser -una vez más- el más seguro de los Windows.

Si Windows Vista continúa utilizando un mecanismo de visualización de gráficos cuyos orígenes se sitúan en la última década del siglo pasado (en concreto en 1990, con la aparición de Windows 3.0), y ese mecanismo le hace susceptible a la ejecución remota de código, está de más toda la parafernalia sobre sus bondades, con la que pronto nos bombardearán desde Redmond.

Por mucho que se nos insista, Windows Vista no rompe con el pasado. Es más de lo mismo pero peor, como demuestran las afirmaciones de la propia Microsoft en el sentido de que los Windows 95/98 son resistentes a cualquier ataque de este tipo.

Y es que, como en el mundo de la biología, los sistemas operativos son también -y ante todo- producto de su herencia, de la que difícilmente pueden desprenderse, sobre todo si el entorno se muestra tolerante con sus debilidades congénitas...