A raíz de episodios judiciales recientes (de los que en su día informamos), el servicio on-line de cifrado Hushmail ha modificado sus términos de servicio para eliminar sus anteriores afirmaciones en el sentido de que ni siquiera un empleado suyo podría acceder a ningún mensaje cifrado bajo ninguna circunstancia.

Ahora -y como por otra parte era de esperar- Hushmail explicita por fin que su sometimiento a las leyes de Canadá le puede obligar a revelar cuanto formalmente se le exija...

En relación a Hushmail, y sumándose a la moda de los criptólogos parlanchines, Phil Zimmermann acaba de manifestarse en el sentido más obvio: Hushmail hace lo que debe, pero el cifrado se maneja mucho mejor en casa.