Espero que os apetezca repasar un poco de nuestra historia reciente, quiero decir de nuestra joven democracia. Como pasa siempre en nuestra amada patria, hay una mezcla de buenas intenciones, algunos chorizos, una bota de vino y una hermosa boina.

Ahora ya hemos incorporado a nuestra vida cotidiana el omnipresente Número de Identificación Fiscal, que es en realidad una letra mayúscula pegada al antiguo DNI. La aparición de este documento a finales de los 80, durante el gobierno socialista, obedeció a un loable -aunque débil- intento de poner coto al fraude fiscal, especialmente a la famosa Prima Única que resultaba totalmente opaca al fisco.

La implantación del NIF tuvo una fuerte oposición por parte de la derecha, que invocaba el derecho a la intimidad para evitar un mayor control sobre las operaciones financieras dudosas. Por cierto, el adjetivo “dudoso” me recuerda un chiste que me contó mi padre: Un caballero intenta entrar en un club con una señorita algo descocada. El portero se lo impide: “Señor, no está permitida la entrada a señoritas dudosas”, y entonces la aludida contesta: “Yo no soy dudosa, yo soy puta. Las dudosas son las que están dentro”...

Hay un brillante artículo de José Borrell, que entonces era secretario de Estado de Hacienda, donde refuta los argumentos de la derecha. Extraigo algunos párrafos:

Cada vez que la Administración tributaria solicite información con trascendencia tributaria, se levantará de nuevo la bandera de la defensa de la intimidad, venga o no venga a cuento, hasta que medie una decisión judicial que interprete la ley, por muy clara que ésta esté redactada. Pero cuando el NIF esté adecuadamente implantado será más difícil que subsistan los tres millones de cuentas corrientes bancarias cuyo titular no puede ser identificado por Hacienda. O que haya miles de titulares de activos financieros, como las famosas primas únicas, que todavía no sabemos quiénes son porque su DNI era incorrecto o simplemente no ha sido comunicado.

Ahí es, quizá, donde duele. Los que se han resistido a que esta información pudiera utilizarse para construir un sistema tributario realmente equitativo no pueden ver con buenos ojos que se implanten mecanismos para usarla de forma eficiente.

Y luego están, claro está, los que se refugian en las referencias tópicas a Orwell y el fantasma del Gran Hermano. Es sorprendente la cantidad de lectores de Orwell que hay en este país. Aunque, a juzgar por lo que algunos escriben, no parece que entendieran gran cosa, si es que alguna vez lo leyeron de verdad.

Para ver con algo de detalle la cronología de la implantación del NIF, basta con entrar el la página de El País, y escribir “Número de identificación fiscal” (sin las comillas), en la ventana de buscar contenido.

En resumen, el problema consistía en que algunos desaprensivos daban un número de DNI “erróneo” o sencillamente falso cuando hacían ciertos depósitos o manejaban ciertas cuentas, y luego no había manera de imputarles los correspondientes gravámenes fiscales. Al tener que añadir la letrita, Hacienda podía detectar los falsos DNI.

Y ahora viene la parte chusca de la historia. Hacienda podría haber comunicado el algoritmo a los bancos para que pudieran validar adecuadamente los NIFs de sus clientes. Pero con la ingenuidad propia de un niño, decidió mantener el algoritmo en secreto para evitar que los evasores se inventaran falsos códigos NIF con la misma alegría con la que antes se inventaban los falsos DNI. Incluso hubo alguna jactancia por parte de algún alto cargo, acerca de que nadie podría descubrirlo. Yo no echaría del todo la culpa de esa burricie a los políticos, qué iban a saber de eso los pobres, sino a alguna persona con cierta preparación técnica -es un decir- quien les propuso un código “irrompible”. Esta persona debió pensar que la operación numérica secreta, junto con la arbitraria ordenación de las letras -mecachis, casi destripo el problema-, bastaban para conseguir lo que los alemanes no consiguieron con Enigma, pobretico mío. Me inclino a pensar que era un hombre, porque en esa epoca había pocas mujeres en el mundillo, y porque ellas suelen ser más precavidas. Y uno se pregunta, ¿cuál era el nivel de conocimientos criptográficos en el mundo por aquellas fechas? ¿No había nadie en España que estuviera preparado, no ya para intentar una codificación irrompible, sino para aconsejar, al menos, que el algoritmo se hiciera público? Espero que el culpable de ese desastre no se halle entre los lectores/colaboradores de Kriptópolis. Creo que la página no existía por aquellas fechas, de lo contrario hubiera habido más cultura criptográfica social, y quizá la chapuza no se hubiera producido.

No recuerdo el tiempo que duró el secreto, pero creo que a los pocos meses ¿o fueron semanas?, el misterio estaba desvelado. Tampoco sabemos quién rompió el código, pero cabe sospechar de los bancos, que disponían de millones de códigos NIF para averiguar el truco. Ignoraremos siempre el nombre del culpable, y si fue despedido, expedientado, amonestado o, al menos, ridiculizado en la cantina del ministerio, delante de todo el mundo.

Y por último, os propongo un ejercicio. Vaya por delante que no tengo ni idea de cómo resolverlo: Se trata de reproducir el ataque para romper el código NIF. Lamentablemente muchos ya conocéis el algoritmo; pero podríais intentar no recordarlo -y, desde luego, no buscarlo en la Red-, y diseñar un método para resolverlo, disponiendo de un gran número de NIFs aleatorios que pongo en este fichero. En realidad se trata de los de mis amigos de las redes sociales, pero no se lo digáis a nadie.

Una vez conseguido, podréis comprobar alguna de sus propiedades, como por ejemplo:
a) Dos NIF distintos no pueden diferir solamente en un dígito.
b) Si en un NIF permutamos dos cifras obtenemos un NIF incorrecto
c) Se puede recuperar un dígito perdido, conociendo todos los demás y la letra.

Todo esto ya es material escolar. Hay que ver como avanzan los tiempos: (http://www.educarm.es/templates/portal/images/ficheros/etapasEducativas/...)

Os dije que propondría un pequeño reto; pero os engañé. En realidad son dos. Como me temo que muchos no habréis podido no recordar lo que ya sabíais del algoritmo del NIF, os propongo otro código NIFA, éste de mi invención, para los mismos DNIs, a ver si podéis hincarle el diente. Y de paso a ver si alguien puede comprobar si posee, al menos, las mismas propiedades que el oficial, que con las prisas no me ha dado tiempo. Como pista os diré que no he cambiado la lista de las letras de marras, sino que sólo he modificado un poco el cálculo numérico. Abrigo, no obstante, la esperanza de que resulte irrompible -la ingenuidad de los viejos se parece a la de los niños-, Si así, fuera, Hacienda podría contratarme con un buen sueldo para atacar sin piedad, esta vez sí, a los desalmados evasores fiscales. Ay, no, que ahora no toca.

Un cordial saludo

Agustín