El principio de realidad
REEDICIÓN - Este artículo fue publicado en Kriptópolis el 12/10/2003
Por Román Ceano
Al hilo de los recientes debates en la Red, me gustaría señalar un punto importante: Internet forma parte del mundo real y las leyes que la rigen en última instancia son las mismas que rigen en el mundo real.
Hace muchos años, había en algunos bares uno de los primeros juegos con apariencia de realidad, que imitaba un coche de Fórmula Uno. Por absurdo que parezca, quien esto suscribe gastó muchas monedas intentando salir del circuito para alcanzar unos edificios que se veían en lontananza desde una de las curvas. Soñaba que desde allí podría tomar una carretera y explorar el mundo desconocido de los que habían construido ese circuito...
Jamás lo conseguí. Por mucho impulso que tomara en la recta, inevitablemente la hierba frenaba el coche hasta detenerlo y tenía que retroceder. Ahora sé que el esfuerzo era vano, porque esos edificios no existían. De hecho ni siquiera el coche y el circuito tenían existencia alguna; todo era una ilusión creada sobre la pantalla, que nunca podía mostrar nada que no hubiera sido introducido por el programador.
Esta experiencia, pueril si se quiere, me hizo reflexionar sobre el límite intrinseco de los mundos artificiales. Estos mundos son una parte del mundo real y parecen independientes de éste porque nuestros sentidos nos engañan. Pero cualquiera que sea su espectacularidad están subordinados a la "realidad verdadera", de la cual forman parte con la misma monotonía que una mesa o una silla.
Durante algunos años, hemos vivido la ilusión de que Internet era un territorio separado de la realidad, donde el poder del dinero y la política no tenían cabida. El conocimiento técnico y las buenas intenciones eran los pasaportes necesarios para entrar en este mundo mágico. No hace falta que cuente el final de la historia porque es suficientemente conocido y bastante triste por cierto. Carlos Sánchez Almeida ha glosado durante estos años la amarga experiencia de los pioneros que descubrieron que su mundo no les pertenecía, viendo cómo era ocupado por las fuerzas obscenas del beneficio empresarial y la mediocridad del consumo de masas.
En el actual debate sobre los P2P, la realidad última es que las empresas que poseen los derechos de autor de los bienes culturales son sociedades constituidas en sus respectivos paises, que pueden movilizar todas las fuerzas de la ley contra los que vulneren su propiedad. No hay forma de luchar contra eso desde Internet. Tal como señaló hace muchos años otro colaborador de Kriptópolis, David Casacuberta, las infraestructuras que dan existencia a Internet tienen propietarios, que si permitían la Internet-paraíso de hace unos años era más por desconocimiento que por voluntad. Estos propietarios no pueden desafiar a la ley y por ello nada protege a los internautas. Están igual de expuestos que el chino de los top manta y van a ir a por ellos con parecida brutalidad.
Si yo dejo mi copia privada al alcance de miles de internautas y éstos se hacen otra copia privada que utilizan en sus equipos, están haciendo gratis algo que el propietario de los derechos considera que debe hacerse pagando (pagándole a él concretamente). No importa si eso es justo o injusto o si lo hemos hecho durante años. Eso o es ya ilegal o lo será cuando terminen de modificar las leyes. Ni somos más listos que ellos ni -muchísimo menos- más poderosos. Ni siquiera estamos ocultos en un sitio en el que no nos ven. Estamos sobre una red cuyos propietarios o no querrán ser cómplices o sufrirán las consecuencias de serlo.
Pero tampoco hay que dramatizar. Cosas mucho más tristes han pasado y siguen pasando. Nos guste o no, los ficheros intercambiados en las redes P2P son en su mayoría música de consumo normal y corriente y, si no, sólo hay que ver la impudicia de la AI protestando porque el disco de Alejandro Sanz está protegido. ¿Podemos decir que compartir ficheros de Alejandro Sanz es un derecho y que impedirlo es ir contra la difusión de la cultura? ¿Es proporcionado desplegar toda la lírica de "un mundo nuevo" para defender el consumo 'por la patilla' de lo que al fin y al cabo es una pachanga de consumo, pensada y cantada para ganar dinero? Si las redes P2P se hubieran limitado a discos descatalogados, maquetas rechazadas y material no digerible por la industria ¿las habrían puesto en su punto de mira las multinacionales del sector? ¿Cuánta "cultura alternativa" que no haya sido publicada comercialmente se intercambia en las P2P?
Así que mi conclusión es doble. En primer lugar lo único que frena a los poderosos son las leyes de los estados democráticos y por ello las batallas deben darse y ganarse en los parlamentos si se desea que tengan algún efecto práctico. En Internet podemos hablar y crear 'softwares' que hagan cosas ingeniosas, pero al final lo que suceda en el mundo real será lo que mande. Y en segundo lugar, antes de comprometer toda la retórica en la causa del P2P, ¿Qué opinamos de las patentes farmacéuticas? ¿Qué opinamos de la reprivatización de los pozos de petróleo iraquíes? ¿Qué opinamos de la ruina de los paises agrícolas por causa de la PAC? ¿Qué opinamos de los cadáveres de africanos en el Estrecho?. Tener que pagar por escuchar a Alejandro Sanz, ¿es la mayor injusticia que tenemos a la vista?
Román Ceano

- 2031 lecturas
Twitter
