Grandes verdades las que comentas en tu post, amigo Emiliano.
Quizás por ese carácter edominantemente consumista de la sociedad en la que vivimos, existe también una privacidad consumista, es decir, una privacidad de compraventa, en que a cambio de ciertas comodidades o "ventajas" estamos dispuestos a canjear nuestro derecho a la privacidad.
Así, del mismo modo que firmamos contratos de trabajo (o suplementos) con cláusulas abusivas, canjeamos nuestros datos por una tarjeta descuento en el supermercado.
Incluso a veces cedemos varios derechos básicos a la vez, como cuando en nuestro trabajo nos presentan suplementos adicionales a nuestro contrato que autorizan al patrono a leer nuestro correo, ponernos cámaras o un GPS en el coche de empresa.
Grandes verdades
Grandes verdades las que comentas en tu post, amigo Emiliano.
Quizás por ese carácter edominantemente consumista de la sociedad en la que vivimos, existe también una privacidad consumista, es decir, una privacidad de compraventa, en que a cambio de ciertas comodidades o "ventajas" estamos dispuestos a canjear nuestro derecho a la privacidad.
Así, del mismo modo que firmamos contratos de trabajo (o suplementos) con cláusulas abusivas, canjeamos nuestros datos por una tarjeta descuento en el supermercado.
Incluso a veces cedemos varios derechos básicos a la vez, como cuando en nuestro trabajo nos presentan suplementos adicionales a nuestro contrato que autorizan al patrono a leer nuestro correo, ponernos cámaras o un GPS en el coche de empresa.
En fin: malos tiempos para la lírica...