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Ayer mismo un amigo (usuario de Windows, que se ve obligado por las circunstancias a utilizar una versión bastante exótica de GNU/Linux), me preguntaba qué debía hacer para instalar un determinado driver.
En primer lugar, parece claro que se trata de un usuario ocasional pero afortunado, porque otros (por suerte cada vez menos) sencillamente no disponen de drivers para sus dispositivos bajo GNU/Linux. Sin embargo nuestro amigo tenía perfectamente localizada la página web desde donde podía descargar los drivers para GNU/Linux en muy diferentes sabores... de ahí precisamente su perplejidad.
Con afán didáctico ("En vez de dar un pez enseña a pescar"), en lugar de indagar antes el formato que utilizaba su distro de forma preferente para instalar aplicaciones, procedí a explicarle a grandes rasgos cómo podría instalar las diferentes opciones disponibles...
Transcribo a continuación la parte principal de mi respuesta:
Depende del sistema que utilice esa distribución:
-> Para sistemas tipo Debian (Ubuntu, etc) has de usar los de extensión deb e instalarlos así:
dpkg install driver.deb
-> Si usa rpm los descargas y lo instalas como:
rpm -U driver.rpm
-> Si no utiliza deb ni rpm, entonces has de usar el que acaba en installer.run.
Has de darle antes permiso de ejecución mediante:
chmod +x driver-installer.run
Y después:
./nombre-instaler.run
En TODOS los casos como root.
A medida que redactaba mi respuesta me dí cuenta de que algo iba mal. ¿Cómo puede alguien pretender que un usuario no informático se atenga con agrado a esta forma tan complicada (y sobre todo tan diversa y tan confusa) de hacer las cosas?
Así que, cumplida la parte didáctica, indagué que su extraña distro era heredera de Fedora y le remití acto seguido un segundo mensaje, con el siguiente contenido:
Acabo de ver que tu distro viene de Fedora, así que utiliza rpms:
Entonces, como root:
rpm -U driver.rpm
Satisfecho, me fui a dormir.
Hoy por la mañana, mi amigo me comentó orgulloso que finalmente había logrado instalar el driver... pero utilizando otra variante que yo ni siquiera había contemplado: sudo sh driver.run
A ver. Ya sabemos que todo es lo mismo, pero hasta las variantes entre usar su y sudo son difíciles de entender por usuarios comunes. También sabemos que dentro de una distro concreta disponemos de formas mucho más sencillas de instalar cosas, muchas veces casi de forma automática. Pero eso sí: si cambiamos de distro el proceso de instalación también será con toda probabilidad absolutamente diferente. Y en cualquier caso nada que ver con el doble clic al que está acostumbrado el usuario de Windows.
Dicho lo cual -y aclarando: (1) que me da lo mismo que Linux sea o no minoritario mientras a mí me sirva, (2) que no estoy implicado empresarialmente con ninguna distro comercial, por lo que me dan exactamente igual sus políticas y sus cuentas de resultados, y (3) que soy radical partidario de la libertad de elección y que cuantas más distros para elegir, mejor- tampoco tengo más remedio que admitir que alguien en Redmond debe soltar una carcajada muy grande cada vez que hablamos de que su imperio puede sentirse amenazado por un sistema como nuestro amado GNU/Linux, tan eficiente pero a la vez tan alejado de la forma de funcionar que demanda el público general.
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