Arch Linux, o cuando el riesgo compensa

"Si funciona, mejor no tocarlo"

Una frase muy popular... aunque quizás demasiado sensata.

De haberla seguido al pie de la letra, ni se me hubiera ocurrido borrar mi OpenSUSE (que continuaba funcionando a la perfección) para lanzarme a la incierta aventura de instalar Arch Linux, una distribución no recomendada para novatos que, para empezar (al menos teóricamente), requiere editar a mano todos los ficheros de configuración.

Pero no es tan fiero el león como lo pintan y el "riesgo" ha merecido la pena...

En primer lugar, y ante el variopinto panorama que hoy presenta el mundo de las distribuciones Linux (donde ya está al alcance de muchos usuarios fabricarse la suya propia), ¿por qué salirse del común denominador y aventurarse con Arch?

Arch no es una distribución recomendada para novatos, pero tampoco hace falta ser un gran experto para exprimirla. Presume de no ocultar la configuración pura y dura del sistema tras los habituales asistentes que realizan por el usuario de todo el "trabajo sucio", pero en la práctica incluso la instalación (en modo texto, eso sí) tan sólo requiere retocar un par de líneas (por lo demás prácticamente autoexplicativas) en uno o dos ficheros. Con algunas ideas sobre lo que es particionar, y conociendo mínimamente grub -o lilo-, el resto de sistemas operativos que existan en el disco no corren ningún peligro, si bien es preciso agregarlos a mano para poder seleccionarlos en el arranque. Lo cierto es que en pocos minutos disponemos de una consola de texto, con conexión a Internet, que además arranca en muy pocos segundos en una máquina rápida.

Y es que la velocidad es una de las características principales de Arch. Al estar compilado para máquinas i686, Arch corre en éstas como una exhalación, recordando en ese aspecto a Gentoo (al que aventaja, en mi opinión, en la mayor sencillez de instalación de Arch).

Uno de los aspectos en que más me fijo en un sistema operativo es su sistema de gestión de paquetes, porque de ello va a depender lo cómodo que pueda resultar adaptarlo a nuestras necesidades y mantener el sistema al día y libre de incoherencias y conflictos. En este aspecto también me ha sorprendido muy gratamente la utilidad pacman de Arch, muy similar al sistema que utiliza Debian.

Tan cómo y sencillo de utilizar resulta pacman que actualizar el sistema (pacman -Suy) puede ir seguido de la instalación del sistema gráfico (pacman -S xorg) y de KDE 3.5.2 (pacman -S kde), Gnome 2.14 (pacman -S gnome), Enlightenment (pacman -S enlightenment) o Xfce (pacman -S xfce4), por citar algunos ejemplos. Las dependencias se ajustan automáticamente y en pocos minutos pasamos de la consola de texto a un sistema con todas las virguerías al uso en cualquier escritorio gráfico.

Por tanto, y finalizando, disponiendo de cierta práctica en Linux obtenemos sin dificultad una instalación rápida, sencilla y limpia que, sin más esfuerzo por nuestra parte que teclear algunos sencillos comandos y modificar a mano algunos ficheros (xorg.conf, fstab, rc.conf...), puede convertirse enseguida en un excelente escritorio a medida.

Eso sí: mantener siempre a la vista los recursos web de Arch, bien en otra máquina o bien en la misma (ya desde la misma consola de texto inicial, un simple pacman -S lynx nos proporciona el navegador web en texto del mismo nombre, desde el que podemos despejar sobre la marcha las posibles dudas que nos puedan ir surgiendo).

Insisto: una experiencia muy recomendable.

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