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A Manuel Medina
Por Iron Worm
Desde estas páginas quisiera saludar el nombramiento de Manuel Medina como cabeza visible de la nueva IBERCREA. No se me ocurre mejor presente que explicarle un poco de historia relativa a las luchas que organizaciones como las que usted representa han tenido con las autoridades, además de sus esfuerzos por procurar que ningún miembro quede desprotegido ante situaciones indefensas.
Permítame hablarle, señor Medina, del nacimiento de la principal fuerza fonográfica internacional, la IFPI; de la protección de los músicos; y de cómo algunos gobiernos que en un tiempo eran remisos, finalmente vieron la luz y acataron la... erm... 'lógica'...
Lo haré vía traducción de un documento firmado por Rasmus Fleischer. Es un poco antiguo, pero no mucho. Gran parte lo tradujo Google pero como no es 100% fiable este sistema, he tenido que acomodarlo yo con mis conocimientos de inglés. Para evitar suspicacias, debajo está el original.
El sistema de beneficios de Benito (o por qué las cosas son tan incongruentes).
Por Rasmus Fleischer.
La IFPI nació hace 75 años en noviembre de 1933. Han pedido al gobierno sueco un regalo de cumpleaños: una nueva ley que les dará el derecho de exigir y registrar datos de usuarios de Internet. Todo en su lucha contra quienes comparten archivos.
No dicen mucho acerca de estas bodas de diamante, por una buena razón. La historia de la fundación de la IFPI en 1933 en Italia no es agradable porque durante sus primeros diez años su trabajo estuvo barnizado por su cooperación con el gobierno del dictador fascista Benito Mussolini.
No se preocupen por los esqueletos en el armario. Lo que hace la historia tan interesante a la luz de los conflictos de hoy con respecto a la copia digital es que explica la construcción triple de los derechos de propiedad intelectual que se han establecido en la industria de la música.
Así que vamos a volver a los años 30, una era no totalmente diferente a la nuestra.
El mundo estaba en una profunda crisis financiera y los nuevos medios estaban poniendo a los músicos en la calle, pero entonces la catástrofe era real. Casi la mitad de los músicos profesionales de Suecia que tocaban en los cines se quedaron sin trabajo en el momento en que el cine sonoro llegó a Hollywood. Entonces, los sindicatos de músicos de todo el mundo occidental se unieron para poner una demanda pidiendo protección legal con el fin de salvaguardar la música en vivo, que se temía sería completamente reemplazada por "música mecánica" de "altavoces".
El tema fue examinado por el predecesor de la OIT de la ONU (Organización Internacional del Trabajo). A lo largo de la década de 1930 se dedicaron grandes esfuerzos a preparar una convención internacional cuya finalidad era dar el control a los sindicatos de músicos sobre el uso de la música de altavoces, como por ejemplo utilizado en cafés y restaurantes, donde los músicos estaban perdiendo el trabajo.
También las compañías discográficas se vieron afectadas por la crisis financiera mundial. Vendían muchos menos discos que durante sus años dorados, a finales de los 20. Echaron las culpas a las personas, que podían escuchar música en la radio. De igual manera que aquellos otros, la industria de todo el mundo se unió para pedir protección mediante leyes, con el fin de garantizarles ingresos de las transmisiones de radio.
Así, éstas construyeron su organización internacional, la IFPI - Federación Internacional de la Industria Fonográfica - en noviembre de 1933 en una reunión en Roma. La elección de la Italia fascista como lugar no fue por motivos políticos, pero no fue una coincidencia tampoco. Al resto del mundo no le gustó la idea de legislar para proteger a compañías discográficas; después de todo, ellas no producen arte, mientras que los músicos sí.
Los más escépticos fueron los entonces titulares de los derechos de autor: los compositores. En Suecia, los compositores organizaron la STIM - Svenska Tonsättares Internationella Musikbyrå u Oficina Internacional de Compositores de Música - cuyo presidente, Kurt Atterberg de inmediato expresó su disgusto por 'la codicia de la industria discográfica'.
Pero en Italia, la IFPI resultó muy favorecida y regresaron a Italia una y otra vez para hacer cada vez más exigencias. Junto a la italiana Asociación Fascista de la Industria, organizaron una conferencia en Stresa, en el verano de 1934, donde incluso invitaron a representantes de las organizaciones de compositores mundiales. Este último grupo continuó siendo reticente a la avaricia de las compañías de discos con la notable excepción de la SIAE italiana, lo cual era de esperar: el principio corporativista de Mussolini ya había aglutinado en 1927 a los compositores, editores y compañías discográficas en la misma organización. Citando esta reunión de Stresa, el 'lobby' fonográfico empezó a insistir - entre otros, al Gobierno sueco - que tenían el apoyo total de los compositores de sus demandas, algo que los suecos y Kurt Atterberg negaron con vehemencia.
Los asesores jurídicos de Suecia, quienes ya en la década de 1930 comenzaron a preparar lo que al final se convertirían en las Leyes de Derechos de Autor de 1961 tenían que considerar las demandas de los sindicatos de músicos, así como las de la IFPI. Pero para estos consejeros era evidente que los intereses de los músicos eran más dignos de protección.
Durante y después de la segunda guerra mundial, los países escandinavos esbozaron una ley común para los titulares de derechos de autor que en 1949 era ya la propuesta final, y que incluyó hasta los llamados "Derechos Estrechamente Relacionados". A los músicos se les dio el derecho a la indemnización para las transmisiones de la radio y para todo uso de 'altavoz' que reprodujese música en público. A las compañías discográficas por el contrario sólo se concedieron protección contra el pirateo de registros físicos.
Si esta proporción hubiese permanecido, la situación actual sería radicalmente diferente. Pero la guerra cambió las condiciones en la escena internacional de una manera inesperada. Los importantes preparativos de la OIT para una convención que protegería a los músicos, pero no a las discográficas se derrumbó; sin embargo, ese proyecto amigable bajo hégida de Mussolini no sólo continuó, sino que sobrevivió a la derrota de Italia en la guerra.
Después de que Italia fuese aislada a nivel internacional en el otoño de 1935 por el ataque a Etiopía, una conferencia prevista en Roma fue cancelada. El Gobierno italiano tenía esperanzas de traer a otros gobiernos a una convención en la que un acuerdo podría ser alcanzado para proteger a las compañías discográficas - pero no a los músicos. Todo de acuerdo a los deseos de la IFPI. Pero el trabajo continuó en el país fascista donde un comité de expertos fue creado en 1939 para producir una propuesta para unificar en un solo Convenio la protección de los músicos y compañías discográficas, dos grupos radicalmente opuestos.
Esta nueva construcción estaba totalmente de acuerdo con el principio corporativista que impregnaba la sociedad italiana. Por supuesto, esto no era «fascista», pero por otro lado la dictadura fascista italiana estableció unas directrices para los trabajos de la comisión. Por ejemplo: difícilmente hubiesen propuesto una estructura que diese a los músicos el derecho a organizarse de forma independiente a través de los sindicatos.
Este comité sobrevivió a la guerra y la propuesta de esta comisión se convirtió en la base para el Acuerdo de Roma de 1951. El resultado de este acuerdo era diametralmente opuesto a lo que los países escandinavos habían acordado. De acuerdo con esta propuesta, sólo las empresas discográficas - y no los músicos - serían compensados por la música emitida en la radio y en los establecimientos públicos.
Los sindicatos de músicos protestaron, de igual manera que los legisladores suecos protestaron contra esta estructura ilógica. Al mismo tiempo, creció la impaciencia por todos esos intentos abortados de establecer un convenio internacional para estos derechos especiales. Por esta razón, un compromiso francés fue finalmente aceptado, en el que se afirmó que las compañías discográficas debían compartir su compensación con los sindicatos de músicos. Esto terminó siendo reconocido en la Ley de Derechos de Autor sueca de 1961.
Inmediatamente se estableció un sistema en el que las estaciones de radio pagarían una suma anual a la IFPI, del que después de deducir de sus propios gastos se enviaría la mitad de lo que quedaba a los sindicatos de músicos. Curiosamente nadie se pregunta por qué las compañías discográficas son tan valoradas como los propios músicos - un principio que por pura rutina continúa en la radio por Internet y los cánones de los reproductores de MP3.
Hemos olvidado lo cerca que estuvimos de otro mundo donde los músicos hubiesen tenido toda la compensación de las transmisiones de radio, y las compañías discográficas tenían que seguir recibiendo los beneficios de las ventas de grabaciones físicas, propuestas aquellas hechas por el Comité escandinavo y por la OIT de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU). Pero la intervención de Italia cambió las cosas y se estableció un sistema corporativista mediante el cual los músicos se sentarían para siempre en el regazo de las compañías discográficas.
Y ahora, la IFPI envía una selección de artistas como cebo para obtener su regalo de cumpleaños - la llamada 'Ley de la Policía Privada'. Oficialmente se trata de que los titulares de derechos de autor puedan utilizar la ley para obtener datos personales de los que comparten archivos, pero todos saben que es lo que la IFPI quiere hacer por sí misma.
Si un músico va a un tribunal con una captura de pantalla difícilmente cualquier demanda tendría cabida, aun cuando a uno le guste enviar cartas de agradecimiento a aquellos que ayudan a difundir la música.
Un sistema donde las industrias y no los individuos tienen derechos es justamente llamado CORPORATIVISTA, tanto en 1933 como en el siglo XXI.
¡Feliz cumpleaños, IFPI!
Rasmus Fleischer está estudiando Doctorado en Investigación en el Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad de Södertörn, co-fundador del Comité Pirata, y autor de copyriot.se.
Original: http://radsoft.net/rants/20090309,00.shtml
Hale, hasta aquí. Posiblemente esto podría haberse titulado 'El problema de la música (III)', pero lo mejor es darle un poco de variedad a todo esto.
Creo que con esto podemos dar por chapado el tema de qué le pasa a la música y empezar a hablar de los derechos civiles. Es bastante más importante que ver sufrir a Fran Perea. En mi humilde opinión.
Nota al pie: no obstante, si aún desean saber algo que no conozcan sobre The Pirate Bay, no dejen de recorrer http://radsoft.net/rants y averiguar las andanzas de Henrik Pontén, Monique Wadsted, y el estado de la justicia en Suecia; puede que les ayude a hacerse una idea de qué tamaño es el enemigo. Y sobre todo porque estoy un poco cansado de darle a la tecla sobre el tema.
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Unas pocas más de referencias, para el que no tenga las anteriores:
http://www.kriptopolis.org/que-se-vaya-zp-para-que
http://www.kriptopolis.org/el-problema-de-la-musica-1
http://www.kriptopolis.org/el-problema-de-la-musica-2
En sueco:
http://rickfalkvinge.se
http://copyriot.se
En inglés:
http://radsoft.net
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